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domingo, julio 11, 2004

LA REINVINDICACIÒN DEL NUÈGADO

Para Valeria Gascon, por su graduaciòn
y futuros èxitos.


INTRODUCCIÒN : - Eso sì, el amor no es como un nuègado.
Nadiushka Villafuerte.


La verdad. Uno insiste en lo que cree y piensa. Se redactan historias, se refuerzan y sustentan. Las premisas no son inofensivas tomando en cuenta que soy perverso y canalla tal como lo ìndica la didàctica literaria de los ùltimos años. En vez de decir ñaca-ñaca, debo escribir ¡ puta, cabròn ¡ En vez de ¡ yupi ¡ ¡ me cago en la hipèrbole ¡ En vez de ¡ carajos ¡ ¡ a què sintaxis tan de doctorado ¡.

Se que para defender lo que escribo debo, a parte de ser culto e inteligente, rudo bien rudo. Y lo soy. Ayer decidì no dar limosnas, neguè un plato de sopa Campbell al Andy Warhol harapiento y mugroso de la esquina, inhalè otra vez cocaìna y fuì diplomàtico con los estupidos.

La verdad. Para desgracia de las certezas uno cambia caprichosamente de ideas. Por eso soy canalla, debo serlo, sino mi voluntad estarà predestinada a ser el niño tonto que juega a ser astronauta cuando los hombres verdaderos dan jaque mate al rey y forjan su reputaciòn homicida en el gran poema que el mundo espera.

La verdad. La pulcritud de nuestro lenguaje nos dispone al juego exacto de las cosas. De eso se trata, de no dejar margen a la duda, ese espacio abstracto y mental que sabe a vacìo, ese espacio donde se lanza un frisbee sonoro que hace eco en el corazòn, y da pie a esto que escucho y duele, esto que me dobla, me quiebra,me mata, esto que me desnuda, esto que ( lamento decirles ) me hace llorar.

La verdad. Escribo esto porque quiero que se coman un nuègado conmigo. Quiero ademàs que me abracen, que jueguen fut, que me digan que el amor no apesta, que todo este miedo y angustia es parte de eso que significa crecer y ser grande; pero la verdad, quisiera ser chiquito y caber completito en la pàgina favorita de tu libro favorito.

Me rindo.
La verdad. No insistas en que el amor apesta.
Miènteme si quieres. Ocultame las cosas. No me lo digas.
Te quiero mucho.

luis d. pulido